Yo limpio, limpio, limpio
Le he cantado canciones a la luna, pero su luz ya no brilla sobre mí. Como un recuerdo medio difuso pude soñar que la veía irse detrás de mí.
El jazmín en el jardín ya no estaba. El césped parejo, monocromático, pulcro. La voz de ella desde la lejanía diciendo: "Saqué el jazmín, ocupaba mucho espacio al pedo".
¿Qué cambió? Todo.
Mi vida, mis mentiras ya no son iguales.
Ella tampoco es quien era ayer.
¿Quién es?
¿Yo quién soy? No lo sé.
Tuve miedo de encontrarme con el desconcierto real del verdadero jazmín arrancado de raíz, pero aquí sigue de pie, con nuevos brotes que yo he ido limpiado mientras ella no estaba...
Ella ya no está para cuidar su jazmín. Yo lo cuido, yo estoy.
Es así. Se siente que es al pedo limpiar la negrura de los brotes y recuperar el verde de aquellas ramas marchitas, pero lo hago igual. ¿Por qué cuido algo que no es mío? Porque siempre fue mío... solo que nunca tuve oportunidad de reconocerlo mío.
Todo en esta casa es mío, las paredes, el techo lleno de murciélagos, el patio, la cocina, las habitaciones, los baños, los pisos, los cubiertos, las copas, los muebles, los libros, los gritos, los grillos, los gatos, los recuerdos, los miedos, la nueva esperanza...
Desde que ella no está limpio, limpio, limpio. Mantengo cierto orden que no existía cuando ella vivía aquí, pues ya no vive más aquí... vive entre la otra dimensión y esta. A veces logro encontrarla, otras veces nos desconocemos. Es así, qué le vamos a hacer.
En esta dimensión todo sigue igual pero distinto... los gatos ya no se alteran, ya nadie se enferma como antes, no hay tantas lágrimas y las palomas fueron a hacer sus nidos a otra parte.
Las flores del jazmín nacen y luego se marchitan, y yo aquí espero a que llueva torrencialmente para no tener que salir. Todo sigue igual pero distinto, ahora las riendas de esta casa, del jardín y de mi vida las tengo yo. Es así, el tiempo llegó ¿qué le vamos a hacer?
No lo sé.

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