EL BESO DE LA MARIPOSA

 


(Imagen extraída de la página flordeplanta.com.ar)


Una mariposa reposó un instante en mi mejilla y sentí un cosquilleo. Fue como un besito y se fue. La vi volar hacia el camino del narciso, pero siguió de largo y se recostó en el jazmín. Al contemplarla allí, tan serena, en calma, comprendí que el aroma y la quietud del jazmín no es una opción para la mariposa. Parecía, al principio, que se dirigía hacia el narciso, pero su destino siempre fue el jazmín. 

¿Quién quiere estar cerca de un narciso? Los complacientes que no se animan a avanzar hasta el jazmín, quienes aceptan el recorrido que tienen que hacer mirando hacia los costados, deseando recostarse en otras flores y para evitar algún tipo de riesgo el cual desconocen su existencia, se obligan a mirar hacia el frente y seguir hasta su "destino". 

El narciso es muy hermoso, llamativo y puede ser algo vanidoso. Quienes se acercan a él no son capaces de reconocer su desequilibrado aroma hasta que es demasiado tarde. El mismo aroma indescriptible de dolencias está impregnado en ellos y la tarea ardua que conlleva desvincularse de aquel olor y conseguir el propio, desanima.

Gracias a aquel jardín que observaba cada vez que pasaba caminando, en una casa menuda, vieja, con puerta de madera, me di cuenta que todos los días recorría el mismo camino y éste me generaba angustias y ansiedad. Todo ese remolino de sentimientos desaparecieron en los aleteos de la mariposa. Su beso me transformó.

Saqué el celular del bolsillo y tomé una foto de aquella casita con un popurrí de plantas y flores en el frente. La mariposa resaltaba, única, entre todas las flores. 
Cuando me predispuse a continuar la marcha, ella se desprendió del jazmín y sobrevoló mi cabello.

No me es posible describir cómo fui capaz de sentir el aroma de la flor del jazmín. Pareciera como si las diminutas patitas de la mariposa transportaran la fragancia más bonita del mundo y la rociara sobre mi cabello en microscópicas gotitas.

La mariposa me dio dos regalos ese día: un beso y un despertar de sensaciones.
Mi caminata cambió de rumbo, velocidad y frecuencia. No me sentí en prisa, ni dolorida, ni cansada, ni infeliz... sentí la flor del jazmín como si hubiese estado en la punta de mi nariz guiándome y caminé por calles que no conocía ni el nombre. 

Sonreí, canté, hice piruetas en cada esquina y no miré hacia atrás.
No volví a ver al narciso.

Desde ese día no me crucé con ningún otro narciso.


   Egle Nazar
El beso de la mariposa
Mayo 2023





Muchas gracias por leer :)

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